Martes por la mañana, Valentina llegó temprano, decidida a asegurarse de que su estacionamiento favorito estuviera libre. Pero al doblar la esquina, su corazón dio un vuelco. Allí estaba el carro de Mateo, impecable como siempre.—¡Este hombre tiene el don de aparecer primero siempre! No importa si llego a correr… él ya me ganó la delantera.Una mezcla de ansiedad, fascinación… y vergüenza la invadió. Porque recordaba perfectamente cómo, sin querer, había activado el match con él en la app. Lo había hecho por accidente, y cada notificación parecía recordárselo. Para colmo, él siempre mantenía su seriedad en la oficina, solo hablaba cuando era estrictamente necesario y jamás mostraba señales de diversión… excepto en la app.Esa mañana, Valentina se había arreglado más de lo habitual: labios ligeramente pintados, cabello perfectamente peinado, blusa que resaltaba su figura. Y allí estaba él, desde su cubículo, manos libres y hablando con un cliente, lanzándole una mirada de reojo y una
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