El cielo cambiĂł.
Primero fue una grieta imperceptible entre las nubes. Luego, un destello en lo alto, como si una estrella hubiese caĂdo y no quisiera apagarse.
Pero en los reinos ocultos, donde el tiempo y la memoria se doblan, el cambio fue inmediato.
El Olvido despertĂł.
No como una criatura, ni como una deidad⊠sino como una conciencia sin rostro. Un susurro multiplicado. Un lenguaje sin voz que se filtraba en las grietas del alma.
Y su primer pensamiento fue claro:
âEl niño ha recordado.
El