La noche anterior al viaje parecĂa contener la respiraciĂłn junto a todos ellos.
Eira se encontraba sentada sobre la colina donde solĂa mirar las estrellas de niña, con la brisa nocturna acariciando su cabello rojo oscuro y el manto del bosque extendiĂ©ndose mĂĄs allĂĄ del horizonte. El cielo estaba limpio, y una luna llena se alzaba brillante, bañando la tierra con un resplandor plateado. No era una noche cualquiera. Era la Ășltima antes de enfrentar aquello que les habĂa sido negado por generacion