La noche había caído sobre la ciudad como un sudario cuando Aleksandr regresó al penthouse. Valeria lo escuchó entrar, el sonido de sus pasos resonando con una urgencia que no había estado presente en días. Desde su habitación, donde había permanecido desde la partida de Nikolai, pudo escuchar voces masculinas en el piso inferior, el tono grave y tenso que siempre acompañaba a las malas noticias.
Se acercó a la puerta, abriéndola apenas lo suficiente para escuchar fragmentos de la conversación