El aire en la habitación se había vuelto tan denso que Valeria podía sentirlo presionando contra su pecho, robándole el oxígeno. Aleksandr permanecía de pie junto a la puerta, su expresión una máscara cuidadosamente construida que comenzaba a agrietarse en los bordes.
—Valeria, necesito que respires —dijo él finalmente, su voz controlada pero con un filo de urgencia—. El estrés no es bueno para el bebé.
—¡No uses a nuestro hijo como excusa para evadir esta conversación! —estalló ella, sintiendo