Valeria no recordaba cómo había llegado de vuelta a su habitación. Sus pies la habían llevado por los pasillos del departamento en una nebulosa de dolor y rabia, esquivando las miradas preocupadas de todos a los que se encontraba a su alrededor; el ama de llaves y los guardias que patrullaban cada esquina. Cuando finalmente cruzó el umbral de su habitación, cerró la puerta con tanta fuerza que el sonido resonó por todo el ala oeste.
Se dejó caer contra la puerta, deslizándose hasta quedar sentad