Mundo ficciónIniciar sesiónEl equipo de cuarenta mercenarios se dispersó por la tundra siberiana como lobos preparándose para la caza, cada uno verificando su equipo con la meticulosidad de alguien que sabe que un error significa muerte en el frío implacable.
La base temporal se extendía en un valle protegido, a quince kilómetros de la instalación de Viktor. Tiendas militares de camuflaje blanco se fundían con el paisaje nevado, casi invisibles contra la inmensidad helada que se extendía hasta el horizonte. El termómetro marcaba treinta grados bajo cero, y el viento cortaba como vidrio roto contra cualquier centímetro de piel expuesta.
Valeria estaba inclinada sobre una mesa plegable en la tienda principal, estudiando los planos de la instalación por enésima vez. Sus ojos recorrían cada pasillo, cada punto de acceso, cada ventana y puerta con una intensidad que rayaba en lo obsesivo. La pierna derecha le p







