Mundo de ficçãoIniciar sessãoValeria despertó de la segunda cirugía con una claridad que solo viene después de rozar la muerte, sabiendo con certeza absoluta que tenía que terminar a Viktor antes de que él terminara todo lo que ella amaba.
El techo blanco del hospital en Ginebra se materializó lentamente sobre ella, las luces fluorescentes parpadeando con ese ritmo monótono que caracteriza a las instituciones médicas de todo el mundo. El dolor en su pierna era un recordatorio constante, un latido sordo que atravesaba el velo de los analgésicos como un cuchillo oxidado. Pero no era el dolor físico lo que la mantenía despierta, sino la certeza cristalina que se había instalado en su mente durante esas horas de inconsciencia.
Aleksandr estaba exactamente donde había estado cada vez que ella despertaba: en la silla junto a su cama, el cuerpo inclinado hacia adelante en una postura que revelaba semanas de vigilan







