Mundo ficciónIniciar sesiónLos tres días que siguieron a la llamada prohibida convirtieron la casa en una prisión de silencios tensos y miradas que nunca se encontraban del todo. Valeria se había vuelto experta en la geografía del alejamiento, en cómo moverse por las habitaciones de manera que siempre hubiera una isla de cocina, una mesa de comedor, un sofá entre ella y Aleksandr. Él, por su parte, había dejado de intentar cruzar esos océanos de espacio vacío, su frustración manifestándose en la rigidez de sus hombros, en la forma en que sus manos se cerraban en puños cuando ella se apartaba de sus intentos de tocarla.
La mañana del tercer día, Aleksandr la encontró en la cocina, preparando el desayuno de los niños con movimientos mecánicos que parecían ensayados más que naturales. Él se acercó por detrás, sus manos rozando apenas sus caderas, su aliento cá







