—Vete de aquí, Caspian —exigió Sia, soltándose de su agarre—. Vete antes de que Valerius decida regresar.
Caspian sonrió, una expresión vacía de cualquier calor humano.
—Disfruta tu última noche de realeza, Sia. El amanecer no será tan amable como los brazos de mi hermano —soltó una carcajada malevola—. Pudiera acabarte ahora mismo, y nadie se daría cuenta, pero decidí esperar ver tu caida en manos de los Ancianos, que sean ellos mismos quienes te destruyan después de haberte defendido por prot