El trayecto hacia el interior del Palacio de Hierro se sintió eterno bajo el peso de las nuevas percepciones de Valerius. El ex Alfa avanzó por los pasillos de piedra, cargando el cuerpo pequeño de Sia contra su pecho. Con cada paso que daba, la intensidad de su mirada en el borde violeta registraba el horror que se ocultaba detrás de los muros coloniales de la fortaleza.
Las paredes de granito no eran lisas; una sustancia viscosa y oscura escurría por las rendijas de los bloques, pequeños ojo