La sensación de desprendimiento sacudió la conciencia de Valerius. No había dolor físico en este nuevo estado, pero la distancia emocional hacia su propia carne le provocó un escalofrío que vibró en su mente flotante.
Mientras su cuerpo pálido permanecía inmóvil en el colchón de plumas, con los ojos blancos fijos en la nada, su espíritu se desplazó por el techo de la alcoba, impulsado por una urgencia que ya no respondía a las leyes de la manada.
Abajo, la discusión continuaba sin que nadie n