El eco de la voz del Rey de las Sombras se disipó en las paredes de la habitación, pero dejó un rastro de ceniza negra que cayó sobre las alfombras. La figura de humo se retiró del ventanal y se mezcló con la neblina que cubría los patios. La oscuridad afuera cobró una densidad absoluta; el cielo perdió cualquier rastro de nubes y se transformó en un manto liso que sepultó al palacio de la Manada de Hierro en una penumbra total. El viento dejó de silbar y dio paso a un silencio pesado que solo