Valerius reaccionó en una fracción de segundo. Se arrojó de bruces sobre la ceniza, enterrando sus dedos en las muñecas de Sia justo antes de que el abismo la arrastrara por completo al fondo. La fuerza del humo negro tiró de ellos hacia abajo, levantando una nube de polvo gris que les cubrió los rostros y les llenó la boca de tierra seca. El Alfa apretó los dientes hasta sentir el sabor áspero a metal en la garganta, clavando la punta de sus botas en las fisuras del piso para servir de ancla e