La frialdad del trono II
El gran salón del trono se extendía como una caverna de granito gris, estaba iluminado apenas por los destellos rojizos que la tormenta proyectaba a través de los ventanales altos. Las alfombras coloniales y los estandartes con el emblema de la Manada de Hierro colgaban de las paredes como trapos olvidados. Sia entró al recinto pisando los pedazos de yeso que seguían cayendo del techo, manteniendo la vista fija en la túnica de terciopelo de Valerius, que se movía con una regularidad exasperante