Valerius observó a su hijo modificado por la energía del Cristal con la misma impasibilidad con la que había dictado la sentencia de muerte de Caspian. Sus ojos oscuros recorrieron la nueva estatura del adolescente, los hombros anchos que apenas cabían en la túnica rota de lino y la firmeza de sus piernas sobre las losas de granito. No hubo orgullo en su rostro, ni la sorpresa que a cualquier padre le habría quebrado el pecho al ver la infancia de su primogénito robada en un pestañeo. Solo habí