El silencio del Palacio de los Ancianos era la muestra de la tensión que había en el ambiente, el aroma a incienso rancio, pergaminos consumidos por la humedad y la piedra fría de una montaña que no perdonaba errores, dominaba el cada rincón. Valerius cruzó el umbral con el paso pesado, la prueba de ello era els sonido que causadban sus botas que al resonar contra el suelo de granito negro como martillazos en un ataúd. Los tres Ancianos aguardaban en sus tronos elevados, envueltos en túnicas gr