El pergamino sobre la mesa de roble permaneció extendido, exponiendo bajo la luz oscilante de la lámpara las líneas de tinta negra que sellaban el destino de la paria. Valerius sintió que el pulso de Fenris comenzaba a enfriarse, una reacción que apagó el dolor de sus quemaduras para dar paso a una lucidez peligrosa. Su hermano Caspian había diseñado la operación con frialdad absoluta; el precio por la cabeza de Sia equivalía al valor de tres cargamentos de oro de los puertos del sur. El docume