Valerius se puso de pie con lentitud, apoyando la mano en la pared de piedra para estabilizar sus piernas. Se acomodó los restos de la túnica de terciopelo oscuro, intentando recuperar un poco la compostura que el cansancio le había quitado. Caminó hacia la puerta principal y quitó el cerrojo de madera con un sonido seco.
Al abrirse las hojas de roble, la figura del anciano Humberto apareció en el umbral, flanqueado por cuatro guardias de la torre que sostenían antorchas encendidas. El fuego pr