Las palabras de Logan quedaron suspendidas en el aire de la alcoba como una condena pesada. Sia no dio un paso atrás, aunque sintió un impacto helado en medio del pecho. Miró el pergamino que el soldado sostenía con dedos inseguros, frotándose los brazos por encima de la camisa que aún conservaba manchas de tierra. La idea de que su libertad fuera solo un engaño temporal y de que las tierras bajas la hubieran empeñado a unos desconocidos del este le encendió una furia ardiente en las venas.
Val