Valerius, posicionado junto a una columna a pocos metros de Sia, observó la escena con los puños cerrados. Sus ojos se clavaron en el bulto sobre la mesa. Caspian tiró de la capa con un movimiento dramático, revelando el cadáver ante la multitud. El cuerpo estaba carbonizado de la cintura hacia arriba, con jirones de piel que colgaban como pergaminos quemados por un incendio voraz. El rostro era una masa irreconocible de tejido chamuscado y hueso expuesto que desafiaba cualquier identificación