El sonido de la cerradura al encajar fue el último clavo en el ataúd de la paciencia de Sia. Se quedó inmóvil sobre la seda de la cama, escuchando cómo los pasos de Valerius y Selene se alejaban por el pasillo. La frialdad de las palabras de él todavía vibraba en el aire de la habitación, y se clavó en su pecho, recordándole el riesgo que corría su madre y uqe era una sentencia de muerte para su madre y una humillación para ella ante la actitud de Valerius. Valerius la llamó estorbo, la llamó h