—¿Magia? —preguntó incrédulo, su voz sonó extraña en sus propios oídos—. Los lobos no tienen magia, Sia. Tenemos fuerza, tenemos colmillos, tenemos el don de la transformación.
—Nosotros sí —le respondió ella con una certeza que abrumaba. Se limpió las lágrimas con el dorso de la mano—. Pero fuimos cazados. Mi madre se unió a mi padre que era de los Colmillo Blanco porque era el único lugar lo suficientemente miserable para pasar desapercibida. Ella se entregó a un lobo de rango bajo solo para