49. Mentira
El rugido llenó la sala como una ola de furia.
En un segundo, Eryx cruzó el espacio entre ellos y sujetó a Caius del cuello contra la pared.
—No. Tengo. Luna. —Cada palabra fue escupida como veneno.
—Entonces, ¿Por qué…?
—¡Por que nada! ¡Porque no puedo tenerla! —gritó Eryx.
Caius lo miró, sin miedo.
La mano que lo sujetaba temblaba, ellos habían tenido enfrentamientos peores que ese, así que poco le importaba.
Eran como hermanos, habían crecido juntos y él mejor que nadie conocía a Eryx.
—¿N