El aire en el patio central estaba lleno de polvo y sudor, y el golpeteo constante de las armas de práctica se mezclaba con los gruñidos de esfuerzo. Lana intentaba mantener el ritmo, los brazos firmes, la respiración medida.
Cada impacto de la espada de madera contra el escudo le vibraba hasta los huesos, pero no se rendía.
No podía hacerlo.
No con Eryx observándola como si esperara cualquier error para molestarla.
El Alfa no hablaba.
Solo la miraba apoyado contra la barandal, el torso desnud