39. Segunda vez
El corazón de Lana dio un vuelco.
Parte de ella quería protestar, huir, negarlo.
Pero su cuerpo la traicionaba.
Sentía el calor en su vientre, la humedad renovándose entre sus muslos a pesar de estar adolorida.
Eryx lo notó.
Gruñó satisfecho.
—Mírate... aún ardiendo para mí —Se inclinó para besarla, esta vez más lento, más profundo, pero cargado de la misma hambre—. Voy a tomarte otra vez. No puedo detenerme.
—No... —jadeó ella aunque sus brazos lo rodeaban con fuerza, aferrándose a sus homb