37. Nunca vas a irte de mi lado
Eryx se inclinó sobre su espalda apoyando la frente en su hombro y su voz llegó grave, casi ahogada por el deseo.
—Joder… Debiste decírmelo antes.
—¿Importa? —preguntó ella apenas audible.
Según todo lo que había escuchando de Eryx no debía importarle en lo más mínimo.
De hecho, normalmente los machos se sentían extasiados cuando la hembra tenía experiencia.
Él gruñó bajo y su aliento le recorrió la nuca.
—Jodidamente me importa, tú me importas, cachorra.
Entonces algo en su ritmo cambió.
Eryx