37. Es mi primera vez
Eryx la apretó más fuerte, como si su cuerpo fuera la única cosa capaz de calmar su tormenta, la deseaba, dura y posesivamente.
Su baile estaba grabado en su cabeza ardiendo en sus venas, volviéndolo más posesivo de lo que nunca se había sentido.
Quería arrancar los ojos de cada uno de los bastardos que la habían visto de aquella manera que solo debía ser para él.
Lana sintió el roce de su entrepierna dura, brutal, presionándose contra la fina tela de su vestido. La pared fría contrastaba con e