19. ¿Así es como se comporta la compañera del Beta?
—¿Acaso dije que te fueras? No te di permiso para irte, cachorra.
La voz del Alfa retumbó en el pecho de Lana como un trueno que anunciaba tormenta. No solo por su tono, sino por la forma en que la miraba. Como si pudiera desnudarla con los ojos.
Como si estuviera furioso por verla... por desearla.
Ella dio un paso atrás, más por instinto que por miedo y levantó el rostro con esa terquedad que le nacía del orgullo herido.
—No necesito tu permiso para irme —escupió con la voz baja, ronca de frus