130. Extraño presentimiento
La luz del sol marcaba su figura atractiva, sus hombros, el pecho amplio, la mandíbula tensa. Era imponente, hermoso de una manera que cortaba la respiración.
Y no miraba a nadie más.
Solo a ella.
Sus ojos verdes la atraparon al instante, intensos, hambrientos. No había sonrisa en sus labios, solo aquella leve curvatura peligrosa que prometía cosas que aún no se habían dicho en voz alta.
Lana sintió el calor subirle por el cuello hasta las mejillas, al notarlo y se preguntó si las había escucha