122. A los brazos de papá
—Una cosa más —su voz salió firme, decidida—. Quiero ver a mi madre.
No lo pidió.
Lo exigió.
Y ese destello de la Lana indomable, orgullosa, que él recordaba tan bien, casi logró arrancarle una sonrisa.
Casi.
Pero la sonrisa murió antes de nacer, no podía darle lo que pedía. Eryx la observó con una intensidad que hizo que a Lana se le helara la sangre y notó la tensión en sus hombros.
—Lana...Tu madre no está aquí.
Ella frunció el ceño.
—¿Cómo que no está? Dijiste que...
—Les pedí que l