123. Mientes muy mal

Después de alimentar a sus cachorros, Lana se levantó.

Ambos estaban profundamente dormidos.

Eryx no había regresado desde la mañana.

no sabía nada de él y aunque no quería admitirlo, aunque se repetía a sí misma que debía estar agradecida por no tenerlo cerca el silencio la hacía sentir inquieta.

Y sola.

Se abrazó a sí misma un momento, odiando el vacío extraño que se formaba en su pecho.

—No lo necesito —murmuró para sí misma.

Suspiró y decidió distraerse, necesitaba una ducha.

El baño era en
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