107. Es igual a ti
Lana estaba acostada en una cama de la casa del médico, con los puños cerrados porque le dolía demasiado. Su vientre se contraía otra vez y ella gritó sin voz, un gemido desgarrador que hizo que el médico la mirara.
—Respira, Lana —dijo él con suavidad intentando calmarla—. Respira, por favor.
Lana cerró los ojos con fuerza, no podía respirar, no podía pensar.
Solo sentía el dolor pero también otros sentimientos se colaban, amor, miedo y aquel sentimiento que había querido ignorar como siempre