El último tramo de la marcha se sintió menos como una travesía y más como un descenso constante a un plano de existencia diferente, el aire se volvió pesado, la atmósfera cargada con la electricidad cruda de una tormenta mágica, la densa niebla matinal, que había servido para ocultar su avance, ahora se transformaba en una cortina de humo psíquico, un velo que distorsionaba la percepción de la realidad, Lía sentía la acumulación de energía oscura, una presión tangible en sus sienes que superaba