—Lina, ¿se puede? —pregunta Sofi, asomando medio cuerpo en mi oficina.
—Sí. ¿Pasa algo?
—Hay unos oficiales que quieren hablar contigo.
—¿Conmigo? —Ella asiente—. ¿Te dijeron sobre qué?
—No, dijeron que debían decírtelo en persona.
—Bien, que pasen —digo, levantando mis hombros. Sofi asiente en silencio y venta.
—Señorita Rinaldi —saluda uno de los oficiales, el cual reconozco del sepelio de Lucas—, soy el agente López, no sé si me recuerda de...
—Sí, lo recuerdo —intervengo—. ¿Sucede algo? —