Al llegar al aeropuerto, lo único en lo que podía pensar, era en Lina dándome la espalada y yéndose sin siquiera voltear una vez para mirarme; Me paso las manos por el rostro, diciéndome a mí mismo que termina con la paranoia. Basta de torturarme con ella; Vuelvo a casa, vuelvo a mi vida, como tiene que ser.
Llegamos a Estados Unidos y, como Erik dijo, Ian estaba esperando por nosotros; vestía una camiseta negra y unos jeans oscuros, sigue con su fachada de chico malo.
—¡Ahí están Batman y Robí