Nikolai Malishev
—Dime que sigues siendo mía.
Ella arquea la espalda, su aliento se corta, pero aún no me da la satisfacción de decirlo.
Sonrío contra su piel.
—Entonces tendré que recordártelo.
Aria sigue tumbada en la cama, su pecho subiendo y bajando con fuerza, su mirada atrapada en la mía. Es un desafío silencioso, uno que he esperado toda mi vida ganar.
Me desabrocho los puños de la camisa y me la quito con calma, dejándola caer al suelo. No me apresuro, quiero que sienta cada segundo.
—