—Joven — brama ese idiota con su tono serio.
—¿Aquí vives? — pregunté viendo a mi muñeca, ella frunce el ceño bufando.
—Si — respondió seca, sus ojos verdes se fijan en el otro hombre — Señor Harper acompañeme.
Aprieto mi mandíbula sin moverme de mi lugar. Mi rostro gélido va dirigido al imbécil que camina hacia la casa.
—Adiós — dice dándose la vuelta para irse pero atrapó su brazo deteniéndola — ¿Que más me vas a robar?
—¿Quién es ese?
—¿Por qué te lo tengo que informar? — ataca con su t