Un mes después
—¿La has encontrado? —cuestiona Elio del otro lado de la línea telefónica.
—Sí, hoy es el día. Solo te hablo para informarte al respecto. No esperes estar recibiendo actualizaciones mías —dice El Dragón en tono cortante.
—Lo sé. Solo espero que un día puedas llegar a perdonarme.
—¿Por qué concretamente? ¿Por abandonar a nuestra madre o por no tener el valor para hablar las cosas de frente?
—Kaleb… hijo…
—¡No digas mi puto nombre, Elio! —amenaza El Dragón a su padre—. No tienes de