—Quiero decir exactamente eso —dijo por fin, sin suavizar nada—. Te querían viva, sí. Pero no por compasión. Te querían viva para usar tu nombre, tus movimientos, tus rutinas, tu miedo, incluso a Deneb si lograban acercarse lo suficiente. Querían entrar por ti, querían quebrarlo por ti.
El corazón de Everly dio un golpe brutal contra sus costillas.
—No —susurró otra vez, pero ya no sonó como negación; sonó como alguien cayéndose por dentro—. No. No, Deneb no…
—No las tocaron —dijo Vera con rapi