Vincent se sentía como un león enjaulado. Vigiló la casa de Vera toda la noche; Leone había dormido con ella. De eso estaba seguro, pues había pasado toda la noche una calle abajo, esperando que este saliera, y no lo hizo hasta las siete de la mañana.
La sonrisa en la cara de Leone lo decía todo, y él quería borrar esa estúpida sonrisa del rostro de su ahora enemigo. Bajó del auto casi corriendo, con la furia tomando control de sus ya inexistentes decisiones calculadas.
Antes de que Leone abrie