Eirikr volvió al departamento de Neil a las diez.
No traía nada nuevo; los documentos del acuerdo ya descansaban sobre la mesa de centro desde hacía dos horas. Volvió por la conversación que requiere que el tablero esté despejado y los términos aceptados, la que estaba pendiente y era más importante que nada. La conversación entre dos hombres en una sala, donde uno sabe exactamente lo que ha hecho y el otro necesita decirlo en voz alta porque una mujer en Los Ángeles se merece que alguien lo di