꧁ ISABEL ꧂
La noche se había vuelto una sábana pesada que no me dejaba respirar. Me quedé mirando el techo hasta que las molduras blancas se desdibujaron en la penumbra. El aire acondicionado zumbaba con esa constancia pulcra de las casas caras; en la mesita, una vela de bergamota y té blanco apagada todavía perfumaba el cuarto con un aroma discreto, carísimo, que se pegaba a la piel. Cambié de postura por quinta, sexta, décima vez. La sábana de algodón egipcio crujió bajo mis muslos; el camisón