Alejandro descendió del auto con pasos medidos, y enseguida sintió todas las miradas posarse sobre su figura. Reporteros, guardias, empleados: todos se giraron, sorprendidos de verlo aparecer.
Las preguntas comenzaron a caerle como balas:
—¿Es cierto que estuvo en Estados Unidos, señor Castillo?
—¿Qué nos puede decir sobre la demanda presentada en su contra?
—¿Cómo afectará esto a Castle Building?
Alejandro los ignoró, manteniendo la frente en alto, la mandíbula tensa, la estampa de siempre: el