꧁ ISABEL ꧂
Hugo abrió la puerta con esa seguridad ligera que a veces me desesperaba y otras me calmaba. Me miró, me sonrió con esa mezcla de triunfo y alivio, y me dijo, como quien comparte la última ficha de un plan, que no me preocupara. “Tranquila —me dijo—, no es Alejandro. Es nuestro as bajo la manga. Nos va a ayudar”. Y yo, por un instante, quise creerle. Quise creer que con solo pronunciar la frase todo se arreglaría: que el miedo se iría, que la sombra que Alejandro había dejado sobre m