Leonard
Esa mujer me bulle sin el menor disimulo. Ni siquiera intenta esconder su molestia cuando ve a Analisse. Su mirada es tan directa, tan evidente, que cualquiera lo notaría. Y para empeorar el momento, mi primo, el estúpido de Vicenzo, no deja de murmurar tonterías, como si estuviéramos en una comedia de mal gusto.
De pronto, él se levanta y me mira. Camina hacia Diana, con esa sonrisa falsa que le conozco tan bien, y le suelta:
—Puedes hablar con la señorita, parece algo urgente, primo.