La noche después de encontrarme con la misteriosa rubia en el parque fue prácticamente insomne. Cada sombra que se movía, cada crujido en la madera, se transformaba en la silueta de "Selene" acechando. La calma profesional que tanto me había costado construir se había desmoronado, dejando al descubierto el pánico crudo que sentía ante la inminente exposición.
Mi existencia como Arabella estaba en riesgo, y el miedo a ser marcada como una estafadora me superaba.
A la mañana siguiente, el cambio e