El resto de la tarde transcurrió con normalidad: la cena con los niños, la verificación de tareas, y el intento desesperado de mi parte por comportarme como una madre responsable y no como una mujer que acababa de salir de la cama del primo de su jefe.
Cerca de las nueve de la noche, después de que los mellizos se acostaron, un mensaje de Marcello me llegó al celular. Era seco y autoritario:
Marcello: A Mi despacho. Ahora.
Mi corazón dio un vuelco. ¿Por qué está molesto ahora? Apreté los labios