—Señor Greco, la señorita Emma lo está esperando en su oficina junto a su abogado.
Asiento sin decir nada y voy rápido hacia el ascensor.
M****a, yo sabía que esto iba a pasar.
—¿Podemos saber quién fue? —pregunto al llegar a mi oficina, cerrando la puerta con fuerza.
—¿De qué serviría saberlo? —Arabella pregunta desde su asiento, cruzada de brazos—. Era obvio que si algún chismoso te veía conmigo iba a publicarlo en las redes.
—Por eso la idea era tener un mánager antes de que eso pasara —gruño