Mundo de ficçãoIniciar sessãoEmilio vive de seducir, en el escenario es deseo, control y fantasía… fuera de él, es un hombre que juró no volver a enamorarse. Su única regla es clara: jamás involucrarse con una clienta. Hasta que aparece Samantha. Samantha lleva años sobreviviendo, no viviendo. Viuda, madre, y marcada por un pasado que aún la persigue, cerró su corazón al amor… hasta que un hombre más joven, intenso y prohibido, despierta en ella todo lo que creía muerto. Jane cree haber encontrado al hombre perfecto, el misterioso “Caballero de las Letras” la ha conquistado con palabras… y cuando por fin lo tiene frente a frente, está dispuesta a todo para hacerlo suyo. Incluso entrometerse en su relación. Lo que ninguna de las dos sabe… Es que están enamoradas del mismo hombre. Y cuando la verdad salga a la luz, Samantha tendrá que enfrentarse a la peor traición de todas, elegir entre el amor de su vida… o el amor de su hija.
Ler maisLa música vibraba por el club, un ritmo lento y sexual, las luces apenas iluminaban el lugar, yo esperaba sentada sobre el sillón de terciopelo, sintiendo como mis nervios trepaban por mi cuerpo como cosquillas electrizantes, no sabía qué hacer, ni mucho menos como me deje convencer por mi amiga Camila.
Una mujer de mi edad no debía estar en el lugar así, ni haciendo estos desfiguros, pero Camila me arrastró hasta el Club Fantasía, con la excusa de mi cumpleaños, aparte con la ayuda de Jane, mi hija. Las dos confabularon para que yo viviera “algo excitante” después de tantos años de viudez. Los gritos de las mujeres coreando el nombre de Casanova, inundaban cada rincón del Club Fantasía, decían que era un dios griego bajado del Olimpo, capaz de encender a la más inocente con solo un movimiento. Las luces blancas se tiñeron de rojo intenso y saltó un hombre al escenario con un micrófono en mano. —Hoy tenemos una cumpleañera —dijo el hombre —y tenemos la tradición de darle un especial regalo, con ustedes ¡Casanova! —solo mencionar su nombre bastó para que el club estallará en gritos, las luces se volvieron apagar, poniéndome más nerviosa. Contuve el aliento, la luz blanca cayó al frente de mí, revelando la figura de un hombre joven, quizá de unos veinticuatro años, vestido con un traje blanco del siglo XVII, la máscara negra ocultaba parte de su rostro, pero no escondía sus perfectos labios, gruesos, carnosos, hechos para tentar a cualquier mujer, tenerlo más cerca pude notar el azul intenso de sus ojos, para ese momento sentí que todas las mujeres del club desaparecían, solo estábamos él y yo. Se acercó más a mí con una seguridad que me desarmó, su cuerpo se movía con precisión, con arte, con un ritmo que no era vulgar, ni exagerado, más bien elegante, dominante, no podía apartar los ojos de él, era como si me hipnotizara. Se inclinó tanto sobre mí que pude sentir su aliento rozar mis labios, trague saliva, pensando que me besaría, solo imaginar sus labios sobre los míos, hizo que mi cuerpo reaccionara, un calor húmedo nació entre mis piernas y recorrió todo mi cuerpo. Él se separó unos centímetros, solo para abrir su camisa, y ahí perdí mi respiración, su piel bronceada apareció bajo las luces rojas, joven, suave, firme... Tragué saliva al ver su cuerpo, ahora entendía porque las mujeres se volvían locas, estaba hecho para pecar, más humedad salió de mí, en lo único que podía pensar era estar con él, sentir su piel tocando la mía. Me mordí el labio sin darme cuenta, cerré los ojos imaginando que lo tocaba, que lo besaba, entonces sentí su mano envolver la mía. Abrí los ojos de golpe, sorprendida, pero no pude decir nada. Casanova llevó mi mano a su abdomen, sabía que podía retirarla, pero no lo hice, su cuerpo era cálido, reconfortante, dejé que mi cabeza viajara en la imaginación, recostada sobre ese cuerpo, mis labios besándolo, acariciándolo, sintiendo sus labios en mí, besando cada parte que no había sido besada en años, mi propia necesidad me atravesó, mi mano temblorosa se dejó guiar, mis yemas de los dedos lo acariciaron, al tiempo que mi respiración se volvió irregular. Un suspiro escapó de mis labios, con vergüenza levanté la vista y lo vi sonreír, por dios era un secutor experto. Llevó mi mano hasta el borde de sus pantalones, más abajo, donde su masculinidad se insinuaba. Solté un jadeo al tiempo que mi cuerpo vibro, mi rostro ardió de pena y retiré mi mano al sentir su firmeza. Él río suave, sensual, y sentí que era una invitación, intenté llevar mi mano de nuevo a su cuerpo, pero Casanova se alejó un poco para terminar de despojarse de los pantalones en un solo movimientos, mi boca se abrió al ver sus curvas fuertes y firmes, mi feminidad se contrajo de deseo, quería sentirlo dentro de mí. Cuando volvió a acercarse, para mí ya no era un baile, era una fantasía viva, ese hombre sabía exactamente que movimientos hacer para despertar el deseo de una mujer. Se inclinó sobre mí, su torso a centímetros de mi rostro, su mirada clavada en la mía, me sonrió y no dejó de moverse como si solo me bailara a mí. Se sentó a horcajadas sobre mí sin tocarme, pero su calor me envolvió, al igual que su aroma, como un abrazó ardiente. Estaba tan cerca que ahora si pensé me besaría, su respiración se mezcló con la mía, se inclinó más, hacía mi cuello, y de pronto sentí sus labios tocar mi piel. —Feliz cumpleaños —susurró con voz profunda y gruesa que me estremeció hasta el alma. Nuestras miradas se encontraron apenas un segundo, suficiente para que una nueva corriente eléctrica me recorriera. De pronto la música ceso, y Casanova desapareciendo del escenario. Permanecí inmóvil en el sillón, con mi respiración agitada y mi feminidad palpitando, quería más él, no un simple baile. Ese hombre había despertado algo que estuvo dormido durante demasiado tiempo. Respiré profundo intentando calmar mi corazón. Me puse de pie con dificultad; mis piernas temblaban, con ayuda de uno de los meseros bajé del escenario y me encontré con la sonrisa burlona y satisfactoria de Camila. —Espero escuchar un “gracias Cami” —dijo al encontrarse conmigo, me tomo del brazo para llevarme a nuestra mesa. —Gracias Cami —repetí sus palabras —nunca pensé decir esto, pero ha sido mi mejor regalo de cumpleaños… —Sabía que lo ibas a disfrutar ¿verdad que fue excitante? —pregunto Camila con una sonrisa —Si, sus movimientos te hipnotizan, te seducen, te encienden, ¿volverá a salir a bailar? —pregunte, quería verlo de nuevo, sentir esas emociones en mi cuerpo… —Creo que no, pero tenemos una solución —respondió Camila que levantó la mano llamando a un mesero —mi amiga se quedó con ganas de más de su regalo, podría tener un privado con Casanova… Al escucharla abrí los ojos, intenté tomar su mano antes que diera la tarjeta, pero fue tarde. —No Camila, como se te ocurre…—proteste con las mejillas ardiendo no sabía si de pena o de emoción —deberías cancelar ese privado… —Nada de cancelar, esta noche es para que disfrutes y celebres un nuevo año de vida —replico Camila con una amplia sonrisa, chocamos las copas y bebo del mojito para darme valor. Solo cinco minutos después se acercó el mismo mesero. —Señora, la habitación está lista. Camila sonrió mirándome, me puse de pie y seguí al hombre entre el mundo de mujeres que bebían y disfrutaban del espectáculo, llegamos hasta un pasillo apenas iluminado, mi corazón comenzó a latir como un loco, la ansiedad comenzó a carcomerme la boca del estómago, mi cabeza les ordenaba a mis pies que salieran corriendo, pero ellos no obedecían. Llegamos hasta una puerta, él la abrió para mí, al entrar la vi amplia, iluminada con luces suaves, con música baja, mis pies se movieron lentos e inseguros. Antes que me dejara sola, el mesero habló —Debe saber que hay una regla, no puede tener intimidad con el bailarín, ni proponerle algo fuera de aquí, si lo hace será vetada… Yo solo asentí con la cabeza. Al verme sola en esa habitación esperando, las dudas comenzaron, ya debió ser suficiente con el baile que hizo para mí en el escenario, pero mi cuerpo deseaba más, no, yo no podía desear a un hombre como Casanova. Me giré para irme antes que llegara, pero fue tarde, él ya estaba recargado en el marco de la puerta observándome, aunque no podía ver sus ojos, podía sentir la intensidad de su mirada, era como si me acariciara sin tocarme. Escuché un gruñido proveniente de él, ¿sería posible que él me deseará?, negué en mi cabeza, seguramente era mi imaginación, mi deseo, jugándome una mala pasada. —¿Querías irte antes de tu privado? —pregunto con su voz gruesa, profunda, un nuevo escalofrió recorrió mi cuerpo. —Tal vez fue un error pedirlo —confesé nerviosa. Él se acercó lentamente, seguro de sí, con su camisa negra de seda entreabierta, podía ver de nuevo su perfecto torso, mi feminidad palpito de solo imaginar de nuevo mis labios recorriendo esa suave piel. —Relájate —susurro al momento que llegó frente a mí, su calor me envolvía, pude percibir su perfume mezclado con el sudor, provocando que mi feminidad se humedeciera más —solo estamos tú y yo, vamos siéntate y disfruta tú noche… Yo obedecí sin apartar los ojos de él, comenzó a moverse frente a mí, con movimientos lentos, al ritmo de la música que había en la habitación, su mano recorría su propio cuerpo, se quitó la camisa aventándola a mí, la tome aun tenía el calor de su cuerpo. Sin poderlo evitar levante mi mano, queriéndolo tocar… —Anda hazlo, tócame —dijo Casanova, dejándome sorprendida, pero hizo lo que tanto deseaba, mis dedos lo tocaron, poco a poco deje que mi palma completa estuviera en contacto con su suave piel. Me mordí el labio, mi piel se erizó, un suspiro de placer quería salir de mi garganta, pero me negaba a que él lo escuchara, el siguió moviéndose para mí, mientras yo no dejaba de acariciar su torso, se alejo un poco para quitarse los pantalones, se acercó y sin dudarlo puse mis dos manos sobre su cadera. —¿Siempre dejas que las mujeres te toquen así? —pregunte con un toque de celos, odiaba que otras hubieran tenido este privilegio… —No, tú eres la primera —confeso mirándome con intensidad —y me encanta sentir tus manos. Solo escucharlo sentí más humedad en mi feminidad, siguió el ritmo de la música, pero no era solo un baile, lo sentía como una invitación a algo más. Me puse de pie, sin evitar que Casanova dejara de bailar para mí lo abrace, estaba tan cerca que podía sentir su respiración sobre mi rostro, me mordí el labio, pensando que se sentiría ser besada por él. —No debería hacer esto, pero —dijo tomando mi rostro con una sola mano, mientras la otra me sostenía de la cintura, sus ojos bajaron a mis labios y en un movimiento rápido aparto la máscara de su rostro —deseó probar estos seductores labios…PVO SamanthaPensé que la noche anterior había sido la última vez que lo vería, pero cuando abrí la puerta, estaba de frente a mí, tenía el cabello desordenado, los ojos enrojecidos y un cansancio tan profundo que parecía haber envejecido varios años en una sola noche. Nos quedamos mirando en silencio, mi corazón quiso correr hasta él, abrazarlo y decirle lo que pasaba con Matías.Pero en ese mismo instante, la voz de él resonó con fuerza en mi cabeza. “Tal vez Jane tenga que criar a su hijo sin su padre y no solo eso, Jane verá estas fotografías y cuando lo haga, te odiará para siempre” Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo, no podía permitir que eso ocurriera, aunque para evitarlo tuviera que romperme por dentro. —Sam —dijo con la voz quebrada —solo vine a despedirme —sus palabras me atravesaron el pecho ¿se iba? Una parte de mi quiso preguntarle adonde, otra quiso rogarle que se quedará, pero no tenía derecho, bajé la mirada para ocultar las lágrimas que ya amenazaban con salir.
PVO Emilio Por la mañana desperté con un dolor de cabeza insoportable, pero no era nada comparado con el peso que oprimía mi pecho. La botella de tequila seguía en mi mano completamente vacía.Él alcohol no había conseguido borrar nada, la mirada de Sam seguía clavada en mi memoria. No era la resaca lo que me estaba matando, sino la forma en que había bajado los ojos la noche anterior, convencida de que nunca había sido la mujer a la que yo amaba. —Aquí tienes un café bien cargado y unas aspirinas —dijo Vincent dejando una taza frente a mí—tienes una cara terrible. Esbocé una sonrisa amarga.—Gracias, pero el dolor de cabeza se va a pasar… el otro no —él suspiró y tomó asiento frente a mí.—Sabias que alejarte de Samantha iba ser así —replico mi amigo. —Sí, pero pensé que tendría un poco más de tiempo antes de dejarla —me pasé una mano por el rostro —pero si este es el precio para evitar destruir la relación entre madre e hija, lo pagaré, si con mi ausencia Jane nunca descubre la
PVO Samantha Me derrumbé sobre el suelo, las fotografías habían quedado esparcidas delante de mí, las recogí una por una y, en cada una de ellas, había algo que me partía el alma; la manera en que Emilio me miraba. Aquellos ojos no reflejaban deseo, sino un amor tan profundo que resultaba imposible fingir. De pronto, unos golpes en la puerta me hicieron sobresaltarme.—¿Mami? ¿estás bien? —escuché la voz de Jane. Él miedo atravesó todo mi cuerpo, con rapidez guardé las fotografías dentro del sobre amarillo y lo escondí entre los libros del librero —¡mami!…—Si, mi amor —respondí mientras me limpiaba apresuradamente las lágrimas y le daba la espalda.—¿Qué si estás bien? —respiré hondo antes de girarme y regalarle una sonrisa que ni yo misma creía. —Sí, mi amor —respondí intentando sonar tranquila.—¿Segura? —Si, mi vida —ella me observó unos segundos, como si intentará descubrir una mentira. —Vamos a desayunar. Salimos del estudio, al llegar al comedor mi madre me esperaba con u
PVO Samantha Nunca imaginé que una casa pudiera sentir tan vacía por la ausencia de una persona. Emilio se había marchado dejando dolor detrás de él.Dejé a Jane dormida en su habitación, al fin había logrado conciliar el sueño, pero en sus mejillas aún quedaba las huellas de las lágrimas, del dolor que yo misma había contribuido a provocar. Permanecí unos minutos más velando su sueño, mientras mi cabeza repasaba una y otra vez todo lo sucedido. Quería convencerme de que era lo mejor, pero aún así, a mi también me dolía que Emilio se hubiera ido. Entré a mi habitación y cerré la puerta, apoyé la espalda contra la madera mientras mi mirada de detenía en la cama. Todavía tenía muy presente la imagen de nosotros compartiendo esas sábanas, mis labios seguía recordando los suyos, mis brazos añoraban la forma como me había abrazado, la manera en que había pronunciado mi nombre. Pero entonces volví a escuchar la voz de Jane. “Él ama a otra mujer”Cerré los ojos con fuerza, tenía que olvi










Último capítulo